Allegueto

El casco azul observaba cómo los refugiados iban instalándose en el campamento bajo la tormenta.
No podía oír el llanto de los niños, había subido al máximo el volumen del ipod y el piano sonaba como si la lluvia hubiese aprendido geometría.

Como ausente

Todavía se pensaba que si Mariano Rajoy se estaba siempre tan quieto era para que no se le escapara el brillo. Que en ese silencio se estaban cuajando ideas y progresos, linimentos del IBEX, solvencias para el final de mes.

Hizo una oposición de cultivo por roza con poca siembra, la suficiente para ver caer a Zapatero arrastrado por sí mismo. Durante aquellos años del fuego graneado, cuando cada declaración desde el partido era un siseo de áspid y parecía un convidado de piedra a sus maitines, se dedicó a ejercer de gallego y a brear a ZP desde la tribuna del Congreso, que es donde se gustaba. Y le salió bien. Terminó por salir de aquel desierto como un Jeremías intocado y lleno de tics, con una mayoría absoluta y la paradójica imagen de ser un estafermo diligente.

Con la única excentricidad de haberse mantenido soltero hasta la cuarentena, MR venía con la grisura del gestor, inasequible a los casos de corrupción, dispuesto a trabajar por “este gran país”. Y resulta que lo que MR callaba no era una panacea ni un engaño, sino una lista de encomiendas y un Montecristo Nº 1 para el séptimo día.

Pero ni los recortes del gasto público, ni la reforma laboral, ni las subidas de impuestos… nada apacigua a los mercados ni mejora la opinión de los inversores, de Merkel & Co., que le enarcan las cejas con preocupación y le sueltan el dinero como si se lo fuera a gastar en vino mientras nos compromete a pagarlo a largo plazo. Y ahora no parece que haya nada, verdaderamente, más que la desesperación del empollón al que se le atraviesa el examen práctico.

Es difícil, además, creerse a MR cabreado. Pensar en él exigiendo la financiación a la banca española –esa máquina de respiración asistida que algún ingenioso con malicia ha llamado “ayucate”–, o dando un puñetazo en la mesa para que del 5,3 de déficit no se baje, he dicho, no parece compatible con el Mariano solapado, ausente, fisgón de esquinas, que apenas controla el ronzal de la sección más agreste de su partido y al que los ministros se le ahogan achicando agua y vetando comisiones de investigación. Vamos bien si hay que recurrir a Uganda para que el titular de Economía reúna arrestos.

Esperemos al menos que no calle por seguir la famosa recomendación de Groucho Marx.